MAC: Mines and Communities

El oro no brilla para las mujeres de Tolima, Colombia

Published by MAC on 2009-08-26
Source: IPS, Noticias Aliadas (2009-07-23)

El oro no brilla para las mujeres de Tolima
Por Helda Martínez, enviada especial
 
IBAGUÉ, Colombia, julio (IPS) - Entre la vulnerabilidad y el coraje oscila estos días la población femenina de los municipios de Cajamarca e Ibagué, en el andino departamento colombiano de Tolima, por la posible explotación de una mina de oro, que alteraría la forma de vida de toda la zona.

Las emociones contrapuestas son en este caso comunes, pese a la diferencia socioeconómica de las mujeres de los dos municipios, distantes entre sí 35 kilómetros y unidos por la carretera Panamericana.

Todo comenzó en 2006, cuando la sudafricana AngloGold Ashanti (AGA) descubrió una veta de oro a apenas cinco kilómetros de Cajamarca, una población de 25.000 habitantes que en más de 90 por ciento viven de la agricultura y la ganadería.

La transnacional tenía permiso del Ministerio de Minas para explorar en 15 áreas del municipio y en otras 12 en el resto del departamento.

Al comenzar las actividades de exploración en la mina llamada La Colosa, la tranquilidad de la zona se alteró rápidamente y, apagada la euforia inicial por el espejismo de oportunidades derivadas del yacimiento, la población pasó a organizarse para enfrentar una actividad que modificaría su ecosistema y forma de vida, y no para bien.

En Ibagué, la capital del departamento centro-occidental, con más de medio millón de habitantes y nueve universidades, las estudiantes asumieron un papel protagónico en la movilización.

De hecho, cifras del Ministerio de Educación indican que las mujeres superan en dos puntos porcentuales a los varones en las universidades de la capital de Tolima, que vive del comercio y de actividades derivadas de la producción agropecuaria y de su naturaleza.

En Cajamarca, donde no hay centros de educación superior, también hay más mujeres universitarias que varones. De los 463 habitantes que en 2005 realizaban estudios superiores, 58,3 por ciento eran mujeres, según el censo nacional de ese año.

Pero en la región la discriminación no sabe de estudios, y a la hora del empleo son las mujeres de Ibagué y sobre todo de Cajamarca las que tienen más dificultades de inserción. También la pobreza las afecta más a ellas, explicó a IPS la estudiante de economía de la Universidad de Tolima, Diana Ávila, que realiza su tesis sobre el problema.

"La ocupación para muchas mujeres son los trabajos domésticos y sin condiciones apropiadas", explicó Ávila. La comunicadora María Alexandra Herrán añadió que la situación socioeconómica también provoca que en Cajamarca "niñas y jóvenes ejerzan la prostitución, incluso impulsadas por miembros de su propia familia".

"Cajamarca es un sitio de paso permanente, de tránsito de camiones, por ejemplo, lo que incide en los índices de prostitución y altos niveles de enfermedades por contagio sexual", explicó a IPS.

LA COLOSA, EL RECHAZO QUE UNE

Con este contexto, el movimiento contra La Colosa se consolidó cuando AGA anunció en diciembre de 2007 que las exploraciones confirmaban que se trataba de uno de los 10 mayores yacimientos de oro del mundo.

El activismo anti-minero generó un movimiento social en torno a 28 organizaciones no gubernamentales, casi todas creadas el último año, algunas este mismo mes, y siempre con destacada participación femenina.

"En número estamos equilibrados hombres y mujeres, pero nosotras no paramos", explicó Ávila, activista de la no gubernamental Conciencia Ambiental.

Su compañero de economía, Cristian Frasser, dijo a IPS que "es inmenso el trabajo de las mujeres en esta resistencia", tanto universitarias como campesinas.

También calificó como "valerosas las acciones desarrolladas por Carmen Sofía Bonilla", directora de la estatal Corporación Autónoma Regional de Tolima (Cortolima).

Bonilla es la heroína de los opositores a La Colosa, porque pese a las presiones se apertrechó en reglamentos y argumentos técnicos para primero reducir el terreno en que AGA podía explorar y después impulsar su paralización.

Otra mujer de Tolima, la legisladora liberal Rossmery Martínez, convocó un debate en la nacional Cámara de Representantes sobre la ilegalidad de la exploración en una reserva forestal y logró sumar a la causa a la izquierdista senadora Gloria Inés Ramírez.

Las acciones de Bonilla, el debate legislativo y las posteriores audiencias públicas en Ibagué y Bogotá decidieron al Ministerio del Ambiente a suspender las actividades en La Colosa, en febrero de 2008, mientras se analiza si la mina puede convivir con las normas y limitaciones de uso de la reserva forestal y del enclave de riqueza hídrica donde se ubica.

Desde entonces, las estudiantes universitarias, en especial las de las facultades de ingeniería forestal y economía, aumentaron su participación en el movimiento contra el yacimiento, conscientes de que la paralización es, al menos por ahora, solo temporal.

Los activistas se miran en el espejo de Ataco, una población del sur de Tolima, donde la movilización social logro cerrar 27 años atrás otra explotación aurífera, en una acción comandada por las mujeres de la zona. Entonces, la afectada fue una empresa colombiana.

Los opositores a La Colosa también promovieron la incorporación a la lucha de mujeres de espacios y sectores directamente afectados, en especial campesinas, con jornadas conjuntas de reflexión, a una de las cuales asistió IPS.

"Apoyamos el trabajo de difusión y sensibilización con llamados sobre los impactos que la explotación dejará, como escasez de agua y contaminación masiva, lo que afectará especialmente la salud de niños, ancianos y madres gestantes", explicó Herrán.

"Como mujeres trasmitimos mensajes a otras mujeres", agregó, al explicar que las jornadas se realizan en Ibagué, Cajamarca y municipios de la zona llana del departamento, en donde hay extensos cultivos de arroz, algodón y sorgo.

A los talleres se sumó una campaña por Internet, que obtuvo numerosos apoyos. Ávila destacó un mensaje que decía: "Estoy con ustedes porque mi hijo bebe agua y no toma oro". "Me impactó porque sinteriza claramente lo que pasaría con la explotación", dijo la estudiante.

Los mensajes también motivan a las mujeres de Cajamarca.

Aura María Díaz, habitante de esa población, reconoció a IPS la falta de oportunidades que tienen la mayoría de mujeres en la región, más allá del trabajo en el campo.

"He tenido dudas sobre las ventajas de la mina, pero ahora sí empiezo a creer que eso acabaría con la agricultura y la tranquilidad del pueblo porque ya hay ladrones y atracadores, y tenemos miedo de salir de noche", dijo.

El número de prostitutas se elevó considerablemente cuando la trasnacional empezó los trabajos ahora suspendidos, agregó.

En la etapa inicial, fueron contratados 400 obreros, por lo que llegaron muchos forasteros y se creó la ilusión de una bonanza que triplicó el costo de los arriendos y el precio de venta de casas y fincas.

También se produjo la contratación de algunas mujeres. "No fueron muchas, porque el trabajo minero es para obreros rasos y hay pocas labores para mujeres, aparte de la cocina", anotó Ávila.

"Los taladros son gigantescos y hay que subir por una montaña con pendientes de hasta 45 grados. Podría haber mujeres en rangos ejecutivos, pero no lo sabemos con precisión", agregó Frasser.

También trascendió que las condiciones laborales para las mujeres "no fueron las mejores, aunque no es posible conocer cifras precisas porque AGA esconde información", dijo a IPS Evelio Campos, natural de Cajamarca y coordinador de Ecotierra.

"Estamos recopilando información y sabemos que a varias les dieron la oportunidad de estar en la mina, incluso como supervisoras de las perforaciones, pero las despidieron cuando algunas quedaron embarazadas", agregó.

"La historia minera confirma que en los lugares donde se desarrolla la minería se acrecientan la prostitución, la drogadicción y el alcoholismo", puntualizó Frasser.

Olivia Gil, habitante de Cajamarca y frontal opositora a la mina, está convencida de que eso pasaría allí si se abre La Colosa. "Siempre escuché que allá donde se hace minería quedan en la ruina después de la intervención, aunque al principio haya abundancia", dijo a IPS.

"Ahora no vivimos en la abundancia, pero tenemos como vivir tranquilas, que es lo que quiero para mis nietas", anotó.

Ella no pierde la esperanza de que el día en que sus nietas, hoy niñas, sean grandes, tengan mayores opciones que las actuales en Cajamarca.

"Quiero algo distinto a las poco creíbles fantasías de algunos estos días y que la diversión no sea sólo bailar y beber, para después embarazarse. No deseo eso para mis nietas", agregó.

Por eso, su hija vive en Ibagué, donde hay mayores posibilidades para las mujeres, "con todo lo que hace falta para que el futuro de mis nietas sea mejor que el de su madre y el mío", concluyó.



Entre el oro amarillo y el oro verde
23 de julio, 2009
http://www.noticiasaliadas.org

Proyecto aurífero destruiría reserva forestal y recursos hídricos.
 
En 12.9 millones de onzas se calculan las reservas de oro de la mina La Colosa, ubicada en el municipio colombiano de Cajamarca, en el céntrico departamento de Tolima, cuyo proyecto de exploración se encuentra paralizado desde febrero del 2008.

La mina, de propiedad de la empresa sudafricana AngloGold Ashanti, está ubicada en una zona de reserva forestal, donde se hallan importantes recursos acuíferos, páramos y bosques de niebla.

La paralización de las tareas de exploración, iniciadas en enero del 2007, fue solicitada por la Corporación Autónoma Regional del Tolima (CORTOLIMA) tras encontrar que la empresa no tenía el permiso para realizar excavaciones en zonas protegidas, petición que fue aceptada por el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial.

Para los críticos, la actividad minera pone en peligro el desarrollo agrícola de la zona, donde se cultivan café, frutas y hortalizas. Además, las concentraciones de oro son de pocos gramos por tonelada, lo que requiere que la explotación sea intensiva y a cielo abierto.

En entrevista concedida a la revista ecológica colombiana Catorce 6, el hidrogéologo estadunidense Robert Moran reveló que el principal tema ambiental respecto a la mina es la enorme utilización de agua.

“Lo que nos han dicho [los funcionarios de la empresa] es que van a utilizar 1 m³ por tonelada de mineral procesado por segundo. Estiman procesar entre 20 y 30 millones de toneladas de mineral al año. Significaría entre 630 y 950 millones de m³ de agua por año. O entre unos 9 millardos y 24 millardos de metros cúbicos a través de la vida total de la mina (15 a 25 años)”, dijo Moran, quien fue contratado por la organización humanitaria Pax Christi para realizar una evaluación sobre los impactos de la minería aurífera a cielo abierto en febrero pasado.

Además de que consumir el agua destinada para el riego de cultivos, también se produciría contaminación.

“El riesgo mayor es polvo contaminado que llega a afectar los cultivos o fugas a las fuentes de agua donde podrían matar peces”, alertó.

AngloGold Ashanti —tercer productor mundial de oro— no pierde las esperanzas de que el gobierno dé vía libre al proyecto aurífero más grande de Colombia y uno de los más importantes de América Latina. De ser así, la empresa podría exportar unas 800,000 onzas anuales de oro por valor de unos US$700 millones.



COLOMBIA: Conflicto aurífero en la Cordillera Central
Publicado por IPS Noticias el 7 Jul, 2009
Por Helda Martínez, enviada especial

CAJAMARCA, Colombia (IPS) – En una zona protegida de la Cordillera Central de Colombia chocan planes de explotación aurífera con el interés de agricultores, activistas y autoridades ambientales de preservar bosques y recursos hídricos.

Un movimiento conformado por 25 organizaciones no gubernamentales internacionales, nacionales y locales reclama al Estado que ponga freno a las tareas de exploración que desarrolla la empresa minera trasnacional AngloGold Ashanti, con sede en Sudáfrica.

La compañía, que trabaja en la zona desde 2006, espera la autorización para concluir las exploraciones de un yacimiento situado en el municipio de Cajamarca, en el centro-occidental departamento de Tolima, enclavado en la Reserva Forestal Central.

La Ley Segunda de 1959 demarcó esta reserva con el fin de garantizar la protección de una franja de 1,5 millones de hectáreas que discurre de norte a sur en el centro-oeste de Colombia, pasando por 10 departamentos, entre ellos Tolima.

En esta área se encuentran recursos acuíferos claves, como la llamada estrella hídrica del Tolima, una zona de 160 nacientes de agua, y la cuenca del río Coello, así como los ecosistemas que los sustentan: páramos, bosques de niebla y zonas forestales protectoras y productoras, según la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima), máxima autoridad ambiental del departamento.

En la última década, la empresa obtuvo autorizaciones para explorar en 27 sitios del Tolima, 15 en la zona rural de Cajamarca, otorgadas por el Instituto Colombiano de Geología y Minería del Ministerio de Minas y Energía. En 2006, descubrió el yacimiento.

En diciembre de 2007, la corporación anunció que la riqueza explorada en La Colosa –estimada inicialmente en 12,3 millones de onzas de oro– la convertían en uno de los 10 mayores yacimientos auríferos del mundo.

En enero de 2008 la empresa contrató a 400 trabajadores e intensificó las tareas de exploración, tomando muestras de agua y tierra con 74 perforaciones de “hasta 700 metros de profundidad”, dijo a Tierramérica el activista Evelio Campos, coordinador de la organización no gubernamental Ecotierra de Cajamarca.

En febrero de ese año, la directora de Cortolima, Carmen Sofía Bonilla, solicitó la intervención del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial para que ordenara la suspensión del proyecto.

Por ley, la cartera ambiental debe conceder un permiso a las actividades productivas en zonas protegidas, llamado “sustracción de área”, que consiste en delimitar un terreno donde no haya más que pastos y rastrojos para trabajos básicos que no afecten las especies protegidas, explicó Bonilla.

Ese permiso no había sido solicitado por la empresa, así que la petición de Bonilla fue aceptada.

“En febrero de 2008 se suspendieron los trabajos por orden del ministerio”, dijo a Tierramérica el estudiante de economía Cristian Frasser, de la Universidad del Tolima y miembro de la no gubernamental Conciencia Ambiental.

Pero en mayo de este año la compañía formalizó un pedido para operar en 515 hectáreas con el fin de determinar la viabilidad económica y ambiental del proyecto, y el Ministerio de Ambiente se lo concedió sólo para una superficie de 6,4 hectáreas.

La contratación de trabajadores se ha reducido a no más de 30, pero es imposible obtener datos precisos porque la información sobre el proyecto está restringida y el acceso a la mina permanece resguardado por el ejército.

La Colosa se encuentra a 5,5 kilómetros en línea recta del casco urbano de Cajamarca, y a 35 kilómetros al oeste de Ibagué, la capital departamental.

En Cajamarca viven unas 25.000 personas, la mayoría campesinas. Unos pocos se dedican al comercio, instalado en torno de la plaza central del casco urbano, paso obligado entre el centro y el oeste del país, por su proximidad con la carretera Panamericana.

La zona rural es de algo más de 500 kilómetros cuadrados y abarca todos los pisos térmicos de la montaña, en los que prosperan, según las temperaturas, cultivos de café, frutas y hortalizas como la arracacha (Arracacia xanthorriza), una especie de tubérculo comestible apto para suelos fríos..

Ese desarrollo agrícola corre peligro si las autoridades dan luz verde a la actividad minera, afirman los críticos.

A la campaña contra La Colosa se sumaron la organización católica Pax Christi Holanda, y parlamentarios de diferentes tendencias políticas, la Procuraduría General de la Nación y el procurador ambiental y agrario de Ibagué, Diego Alvarado.

En una audiencia pública celebrada en febrero, Alvarado sostuvo que “el oro de La Colosa se encuentra diseminado en las rocas, en concentraciones de pocos gramos por tonelada, lo que exige que la explotación sea intensiva y a cielo abierto, con graves perjuicios para la región”.

Ese modo de producción consiste en extraer enormes cantidades de roca, que deben ser luego sometidas a un proceso químico conocido como lixiviación, que precipita el oro, separándolo del resto de los minerales.

“Para la lixiviación se utilizará cianuro, por lo que es imposible creer que esta actividad sea compatible con el uso del suelo en zonas de reserva forestal, si el cianuro contamina el agua del subsuelo”, observó Alvarado.

Un estudio ejecutado por el hidrogeólogo estadounidense Robert Moran, contratado por Pax Christi, estimó que se necesitaría “un metro cúbico de agua por tonelada de mineral procesado por segundo” para lavar el oro.

“Si estiman procesar entre 20 y 30 millones de toneladas de mineral al año, significaría entre 630 y 950 millones de metros cúbicos de agua por año. O entre nueve y 24 billones de metros cúbicos durante la vida de la mina, que se calcula entre 15 y 25 años”, anotó Moran en su informe.

Ese consumo acabaría con el agua que alimenta “el acueducto de los cultivos, con 400 kilómetros de canales que riegan arroz, sorgo y algodón en el centro y el sur del departamento, y que provee a cinco acueductos municipales”, dijo a Tierramérica la activista Paola Robayo, estudiante de ingeniera forestal en la Universidad del Tolima.

Las autoridades deberían decidir entre suspender la autorización de exploración, y por consiguiente cerrar el paso a la explotación futura, o cambiar la denominación de la reserva forestal de modo que se permitiera intervenir el área sin restricciones. “Sabemos de la influencia de la AngloGold Ashanti en países de alta corrupción como Colombia, por lo que no nos extrañaría que acabaran por cambiar la legislación”, dijo el activista Campos.

El mes pasado, el presidente de la filial en Colombia, Rafael Hertz, dijo a la prensa que en julio se conocería la decisión del ministerio.

Mientras tanto, la empresa lleva a cabo en la zona inversiones de carácter social. “Pintan casas, pavimentan calles y hacen donaciones a escuelas y colegios”, dijo Campos. También patrocinó el Festival Folclórico de Ibagué, que se celebra durante dos semanas en el mes de junio.

Paradójicamente, esa fiesta popular sirvió de ámbito para que los críticos distribuyeran folletos y expusieran pancartas contra La Colosa.

Este artículo fue publicado originalmente el 4 de julio por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica. (FIN/2009)

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