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Descubren Chatarra Radiactiva Cerca De La Frontera, Que Demanda Una Adecuada Disposición

Published by MAC on 2005-08-05
Source: Americas Program ()
Descubren chatarra radiactiva cerca de la frontera, que demanda una adecuada disposición

Talli Nauman, Americas Program, International Relations Center (IRC)

5 de agosto de 2005

Talli Nauman es una asociada al programa en el Americas Program del International Relations Center (www.irc-online.org). Originalmente publicó su opinión en su columna semanal de The Herald Mexico, incluído en El Universal en la ciudad de México, como parte de su proyecto de medios independientes Journalism to Raise Environmental Awareness, que inició con el apoyo de MacArthur Foundation.

Cita recomendada: Talli Nauman, “Discovery of Radioactive Scrap near Border Begs Proper Burial,” IRC Americas Program (Silver City, NM: International Relations Center, August 5, 2005).
Web: http://americas.irc-online.org/am/178


Asomando entre las dunas a lo largo de la ruta, a sólo 50 km al sur de la frontera urbana entre Estados Unidos y México, en el área El Paso-Ciudad Juárez, hay pilas de residuos radiactivos sin contención. Este secreto de las arenas del desierto fue revelado por el físico nuclear mejicano Bernardo Salas Mar, un ex-empleado de la planta de energía atómica estatal de Veracruz de la que fuera despedido por revelar al público su contaminación radioactiva del Golfo de México.

Salas, actualmente profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), investigó la amenaza a la salud pública en el área de frontera en cooperación con residentes rurales de la municipalidad de Samalayuca, vecina de Ciudad Juárez, en el estado norteño de Chihuahua. Su investigación de campo descubrió cuatro montículos de chatarras metálicas, de un tamaño aproximado a seis metros cúbicos cada uno, expuestos a la intemperie. La inspección radiológica determinó el riesgo de contaminación por radiación en la cadena alimentaria a partir de estos depósitos abandonados si no se toman medidas de protección.

Salas no es un activista antinuclear, sino que impulsa el empleo seguro de esa tecnología. Propone medidas tan drásticas como el entierro de los residuos y la construcción de un cerco alrededor. La Sociedad Española de Protección Radiológica lo ha invitado a exponer sus descubrimientos en el próximo décimo congreso nacional.

Pero como tantos otros profetas en su tierra, Salas se enfrentó con la falta de voluntad de sus colegas para admitir los resultados de sus trabajos en México. Tres instituciones domésticas del tipo de la española se negaron a aceptar sus conclusiones en sus congresos.

La Sociedad Mexicana de Seguridad Radiológica y la Sociedad Nuclear Mexicana le dijeron que el rechazo se debió a que no solicitó permiso para ingresar en los terrenos donde los desechos permanecían abandonados. La Sociedad Mexicana de Física no respondería su solicitud de razones por escrito.

La localización se encuentra por encima de otro depósito enterrado de residuos de lo que el periodista chihuahueño Ignacio Alvarado Álvarez denomina el peor desastre nuclear de este hemisferio, "Nuestro Chernobyl." Este fue el fiasco que se inició hace 21 años en 1984 cuando guardias de los laboratorios nucleares Los Álamos, cerca de Santa Fe, Nueva México, detectaron un cargamento de hierro para la construcción de Old Mexico contaminado con cobalto60.

Es una historia intrincada con las típicas complicaciones ambientales de las fronteras binacionales. Una cámara de radiación gamma norteamericana fue enviada ilegalmente a México y desguazada en Ciudad Juárez, donde se mezcló con otras chatarras a las que contaminó. El metal contaminado se fundió en hierro y vigas para la construcción enviado a Estados Unidos para la venta. Solo entonces se descubrió su peligrosidad radioactiva, y se envió de vuelta a México para confinamiento.

La ya difunta fundición estatal Aceros de Chihuahua fabricó los hierros y vigas con material reciclado obtenido en Yonke Fénix. El depósito de chatarra de Ciudad Juárez ahora es famoso debido a que entre los objetos que recibió para la reventa se encontraba una cámara de radiación gamma con pellets de cobalto60 que el más exclusivo hospital privado de la ciudad había adquirido de contrabando de un proveedor de los Estados Unidos.

Los importadores norteamericanos de las vigas y hierros resultantes fueron localizados. El hierro fue despachado de regreso a México para su enterramiento. Pero al sur de la frontera muchas cargas de metal reciclado que distintas fundiciones habían hecho con la chatarra contaminada del depósito Fénix fueron despachadas, y jamás se las recobró para disposición. Tal vez los montículos que Salas verificó son solo una minúscula parte de lo que de alguna manera se diseminó por el país.

Mientras tanto, los materiales de construcción radioactivos permanecen en al menos la mitad de los estados mexicanos. Millones de personas están siendo expuestas a elevada radiación de las vigas en más de 17.000 centros comerciales y edificios públicos, de acuerdo con cálculos estimativos. El daño, en términos de cáncer y mutaciones para ésta y futuras generaciones, es incalculable.

Mientras el mundo reflexiona acerca de la tragedia y el daño por radiación de las bombas atómicas que explotaron destruyendo Hiroshima y Nagasaki hace 60 años en la primera semana de agosto, la menos evidente calamidad de contaminación por cobalto60 en México también continúa.

Lo menos que la sociedad puede hacer es admitir la existencia de las pilas de desechos en Samalayuca y procurarles una adecuada disposición.

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