MAC/20: Mines and Communities

A Portrait of those who say "no" in Jacobacci

Published by MAC on 2005-05-08


A Portrait of those who say "no" in Jacobacci

By Adrián Arden, Río Negro newspaper

May 8, 2005

They are opposed to what they consider a grave threat to both the environment and their future: A foreign mining company wanting to operate an open-pit cyanide process gold mine. The project, called Calcatreu, was announced in 1998. It is located 82 km from the town of Ingeniero Jacobacci in the province of Rio Negro, Patagonia, Argentina. Canadian company Aquiline Resources is staking its hopes on "Vein 49." It is expected to yield five grams of gold per metric ton of ore extracted.

But local residents have organized in a group which represents a majority of the region. They have researched from books and via specialists on the Internet, and have drawn from voices from all over the country. They have chosen a name to identify themselves: "The Pyrite," for the illusory golden mineral known as "Fool's Gold."

Claudia Huircan is a strong woman, one of the first to make her voice heard outside of her living room. "Apart from the question of cyanide, what we really want is to decide how to use our own natural resources. This model of pseudo-development which they are forcing on us flies directly against the work we have been doing for years. We're talking about ranching, forestry for the region, promoting "Ecological Patagonia" and (the mining project) is totally incompatible with that. Just like Esquel said "NO" to protect their tourism, we say "NO" for our ranching resources."

She is 25 years old, and her voice on the radio is recognized by everyone in the town. She speaks strongly and clearly, even when talking in the streets, as she wants to be sure to be understood. In Jacobacci many people have decided to oppose the mining company without pronouncing the name of the company, Aqueline. "We have been warned that one of the mining company strategies is to initiate court cases against everyone who speaks up, in order to silence us. Imagine who will win if we try to confront them on their terms!"

The stillness of the afternoon is only interrupted by the roar of the mining trucks which have converted the impoverished Rio Negro south into a 4x4 paradise. There are so many now that practically nobody notices them anymore. Not even Juan Chuburu who bursts out laughing when asked about their relation with the land. "And... they look at us like we were born from sheep!" he laughs, and only later identifies himself as the president of the Association of Goat Ranchers of Rio Negro. He speaks quietly and measuredly. "It is simply incompatible with ranching activity. In this region, water is very scarce. An operation like that will take all the water away, such as has already happened with Mina Angela (Chubut). The ranchers all say 'No to mining.' They have to hear us. To approve this project is to declare the death of ranching in this region," he says, and he knows he is not alone. Last year, the Rural Societies of the Sierra Colorada, Bariloche, Los Menucos, San Antonio and Maquinchao declared that "the top priority for Rural Societies, who represent the rural labor which for years has been the base of the regional economy, is to conserve the natural capital and the environment of our region in order to pass it on healthy to our children and future generations. We can only guarantee the peace of our people by clearing up the unease that we all feel with regards to the impact of these projects on the quality of life and the health of the inhabitants of this region."

It's not worth it to take such a risk!

Gabriela Buyayisqui, mayor of Jacobacci, took her time to arrive at a decsion to say "NO." She states that she never felt pressure from her consitutuents to rush to a decision, to the contrary, "they told me to take my time." She has a serene voice, and speaks with deep conviction: "I am opposed to this project because it is highly risky. I am not going to make decisions which put future generations at risk. And what is clear is that my decision goes much further than just thinking of gold. What is at risk is a vital, fragile and scarce resource here: Water," she says, and adds, "I am against this because there has never been a serious study of the watershed. The mining operations require a huge amount of water and we live through ranching. This is a region with great potential, but we always have and always will preserve the environment. This is one of the most pristine places on earth, and we need to take protect it."

Buyayisqui explains that with the Calcatreu project, the community needed to inform themselves, and that is why she took her time to formulate her position. "I think that we have to take charge of the current laws which favor the mining companies, but above all, we have to take control of our own destiny. I repeat: The issue isn't gold. The issue is water. With this project we are gambling with this resource. It just isn't worth the risk for a project which will not benefit the region like they say. They are trying to tell us that the mines will generate employment, but this isn't the kind of operation that generates much work. They're talking about 130 jobs, but it turns out half of the jobs will go to foreigners. And further, this is a short-lived activity. Fifteen years will pass in the blink of an eye."


Retrato de los que se animan a decir 'no'

Por Adrián Arden, Diario de Río Negro

Domingo 8 de mayo de 2005

No es no. Desde hace meses es la frase que moviliza a Jacobacci. La que lo une y lo divide. La que puede ser parte de una lucha reivindicatoria o de una campaña difamatoria, según desde qué trinchera se mire. Una sentencia importada de Esquel que, a más de un centenar de kilómetros de allí, sigue transmitiendo lo mismo. Habla de desconfianza y de miedo. Del hartazgo de un pueblo que ya no cree en casi nadie y que ahora quiere tomar sus decisiones. Y así lo hizo.

Están en contra de lo que consideran una grave amenaza para la naturaleza y para su futuro: el proyecto de una empresa canadiense que pretende explotar una mina de oro a cielo abierto con la utilización de cianuro. Un gigante que jura y perjura que no contaminará. Que la oportunidad para todos es única. Que los beneficios serán compartidos. Una gran batería de argumentos que hasta ahora cosechó más rechazo que adhesiones.

Para ello se organizaron en un grupo que representa a gran parte del pueblo. Investigaron en libros, especialistas y hasta en Internet. Buscaron y sumaron voces en la Línea Sur y en todo el país. Y eligieron un nombre que los identifique: hoy se hacen llamar "La Pirita", por ese mineral dorado que confunde a los mineros y es llamado "el oro de los tontos". Ese día se plantaron. Empezaron a hablar bajito y ahora no hay quién los calle. Dicen no. Repiten no.

Claudia Huircán es a todas luces una mujer fuerte y capaz de convencer hasta al más escéptico. Y también una de las primeras que se hizo escuchar más allá del living de su casa. Desde allí dispara: "Además de la cuestión del cianuro, lo que queremos decidir es cómo utilizar nuestros recursos naturales. Este modelo de pseudo-desarrollo que ellos proponen se enfrenta al que venimos trabajando nosotros desde hace años. Hablamos de un programa ganadero, forestal para la zona... estamos vendiendo el sello de Patagonia ecológica y es totalmente incompatible con esto. Así como Esquel dijo no por su proyecto turístico, nosotros les decimos no por nuestro recurso ganadero".

Tiene 25 años y una voz que su trabajo en radio hizo conocida en todo el pueblo. Por eso habla claro y fuerte. Para que se entienda. Aun en lo que calla. Es que en Jacobacci muchos decidieron oponerse al emprendimiento minero sin pronunciar el nombre de la empresa, Aquiline. "Nos advirtieron que una de las estrategias que utilizan las mineras es entablar juicios contra cada vecino, para callarlos. Imaginate quién sale perdiendo en la relación de fuerzas", dirán.

Lo que muchos no se animan a llamar por su nombre es, en realidad, apenas uno de los 15 emprendimientos mineros que por estos días busca aprobación en Río Negro.

El proyecto Calcatreu cobra fuerza desde 1998 a 82 km de Jacobacci y desde esa fecha ya fueron invertidos más de cinco millones de dólares. La "Veta 49", sobre la que se posan todas las expectativas, promete entregar cinco gramos de oro por cada tonelada de material extraído. Todo eso a cielo abierto, a través de un método que se llama lixiviación y que consiste en separar el oro presente en la roca utilizando cianuro. Un químico altamente tóxico y que concentra todos los miedos de los vecinos, aunque la empresa grite a los cuatro vientos todo lo contrario: "¿Qué tiene el cianuro de malo?" se pregunta incómodo Carlos Cuburu, apoderado de Aquiline. "Es una sustancia que tiene una mística peligrosa porque se la relacionó siempre con la muerte, pero hoy es una sustancia industrial, la utilizan en ignífugos, en la industria alimenticia. El 84 por ciento del cianuro del mundo no se usa para la minería. Es una sustancia peligrosa que hay que saber cuidar y tratar, pero no tiene nada que ver con el mito que es igual a la muerte", agrega, dispuesto a rebatir los argumentos de "La Pirita"

En la otra vereda, Claudia prende un cigarrillo y sigue: "Esto no es una cuestión política o de intereses económicos. Es simple, si nosotros nos equivocamos será otro proyecto que no se haga. Pero si son ellos los que se equivocan ¿en qué se va a convertir todo esto?", interroga y busca respuestas. Jura que no se va a quedar quieta hasta que las encuentre.

Empezó a llegar el frío y en Jacobacci se mezcla con un viento que nunca se fue. La tarde silenciosa sólo es interrumpida por el andar de una de las camionetas de las mineras que convirtieron al empobrecido sur rionegrino en el paraíso de las 4x4. Son tantas que ya casi no llaman la atención de nadie. Tampoco de Juan Chuburu, que larga la carcajada cuando se le pregunta por su relación con el campo. "Y... a mí parece que me parió una oveja", dice y luego se presenta: es el presidente de la Asociación de Chiveros de Río Negro. Habla bajo y pausado. No tenía el mismo humor el día que se desayunó con la noticia. "Simplemente es incompatible con la actividad ganadera. En esta zona el agua es muy escasa. Un emprendimiento como éste se va a llevar toda el agua, como ya ocurrió con Mina Angela. Los productores decimos 'No a la mina'. Tienen que escucharnos. Aprobar esto es decretar la muerte de la ganadería en la región", dice y sabe que no está solo. Es que el año pasado, las Sociedades Rurales de Sierra Colorada, Bariloche, Los Menucos, San Antonio y Maquinchao afirmaron que "es interés prioritario para las Sociedades Rurales que representan el trabajo del campo, que ha sido por años base de la economía regional, conservar el capital ambiental y paisajístico de nuestra región para poder entregarlo salubre a nuestros hijos y a las generaciones futuras. Como así también garantizar la paz de sus habitantes despejando la intranquilidad que generan estos proyectos que impacta sobre la calidad de vida e integridad física de nuestros habitantes".

En la misma línea se pronunciaron, entre otros, los Vecinos Autoconvocados de Roca, de Esquel, la Sociedad Ecológica Regional de El Bolsón, el Partido Humanista y Ecologista de Neuquén y Río Negro, el ARI, la Asociación Rionegrina de Caprinocultores de Angora, la Cátedra Libre de Desarrollo Sustentable del CURZA, la Asociación Patagónica de Profesionales del Campo y las Cooperativas Ganaderas de casi todos los pueblos sureños.

Una postura que encuentra sustento en un informe de la Fundación para la Defensa del Ambiente y la cátedra de Psicología Evolutiva Humana de la Facultad de Psicología de Universidad Nacional de Córdoba en el que se asegura que "la operación de minas de oro afecta irreversiblemente los ecosistemas donde se instalan, interrumpen los ciclos del suelo, del agua y de la biota y afectan gravemente la imagen de sostenibilidad que tienen los ambientes nativos de la Patagonia. Son actividades efímeras que inyectan recursos económicos en forma muy asimétrica. Los cambios sociales que producen colapsan rápidamente al cerrarse en forma definitiva los yacimientos". Una advertencia que debería ser escuchada.

Helena Herrera cuenta que vive con miedo. Es Asistente Social y su trabajo en el hospital la enfrenta a diario con una sospecha. "La percepción es que en la región son muchos los casos de cáncer. Pese a que el gobierno diga que estamos por debajo de la media provincial, yo no confío. La sensación es que vamos cayendo muertos como moscas y nadie nos da seguridad de nada. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud dice que el promedio es un caso de leucemia cada cien mil habitantes. En Jacobacci viven 8 mil personas y el año pasado murieron dos nenes. Y este año hay más enfermos. Imaginate si ahora vivimos con esta duda constante, ¿qué va a pasar si este proyecto se pone en marcha? La situación se va a agravar. Pero, pregunto: ¿es necesario que vivamos así?", dice Herrera.

Y el nuevo emprendimiento viene con una incertidumbre que se hace más grande aún al leer un documento que la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la UBA difundió en mayo de 2003 en su publicación "Exactamente". Allí se asegura que "cuando se tritura roca los minerales quedan expuestos a la acción oxidante de los agentes meteorológicos. El agua de lluvia, que se vuelve ácida al entrar en contacto con los compuestos de sulfuro, se escurre a través de las rocas y por su misma acidez arrastra arsénico y metales pesados y los moviliza hacia los acuíferos y vertientes".

Los argumentos enfrentados son una constante en Jacobacci. La palabra cianuro puede ser utilizada por unos para hablar de una posible catástrofe ambiental o por otros para explicar el funcionamiento de una actividad inocua como cualquiera. Y en el medio cada uno utiliza sus propias armas. "El día que me enteré de qué se trataba esto fue cuando la empresa llegó al hospital a ofrecer ayuda. Fueron a preguntarnos qué necesitábamos, que ellos lo compraban. La respuesta fue 'cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía'. Y no les aceptamos nada", recuerda Herrera. Fueron la excepción. En pocos meses la empresa realizó donaciones como nunca antes lo había hecho nadie en la zona. Escuelas, equipos deportivos, particulares y una comunidad mapuche fueron los beneficiarios. Según Aquiline, sólo una cuestión de responsabilidad social: "Yo no puedo estar sacando un lingote de oro de un yacimiento y que al lado la gente se esté muriendo de hambre", dirá Cuburu. Según los vecinos una obvia estrategia de seducción destinada a convencer. "Nosotros vemos esto con mucha pena. Constatamos con dolor que hay estrategias concretas de chantaje, de compra de voluntades", dispara desde una austera cocina de la Iglesia local Fernando Guzmán. Es misionero permanente, tiene 28 años y habla en nombre de la Pastoral Social de la Diócesis Bariloche. "Cuando son proyectos que atentan contra la vida de los pobres, la Iglesia dice no y la gente nos tiene que obligar a decir que no. Creemos que hay mucha más gente que se opone de la que se expresa. Por eso, la libertad que yo tengo de hablar debo usarla para el bien de los otros. La gente te dice 'nos van a destruir... soy empleado provincial y no puedo hablar'. Y todos sabemos que han recibido aprietes", dice y apura la entrevista. Alguien lo espera en una radio para seguir hablando de lo mismo.

Jorge Fernández descree y barre con cada opinión que escucha a favor de la mina. Durante años fue maestro rural y hoy lidera la seccional local de Unter. Allí invita a pasar, prepara mate y mira a los ojos. La pregunta viene sola. "Lo de los puestos de trabajo es otra mentira. ¿qué va a pasar en cinco años con esa gente cuando la mina cierre?. Prometen puestos de trabajo, pero ¿a qué precio? Nuestra salud. Nosotros pedimos para la región un proyecto de desarrollo con puestos de trabajo genuinos, no esto".

Aquiline habla de más de 170 empleos cuando la mina se ponga en marcha. Según la firma una oferta nada despreciable para una localidad donde la desocupación es alta. "Hoy por hoy una zona como la nuestra, marginal, que no es el paraíso en la tierra, no se puede dar el lujo de estar negando una actividad que se puede hacer muy bien", dice Cuburu.

Pero, las sospechas siguen. Así lo expuso el obispo de la Diócesis de Bariloche Fernando Maletti, en noviembre del año pasado: "...se desmorona también el argumento de que la minería del oro es una fuente importante de empleo. Es que la minería a cielo abierto es por naturaleza capital-intensiva. Por eso habría que alentar el proyecto de los circuitos turísticos en la Línea Sur, anunciados recientemente por el Ente de Desarrollo, que seguramente crearán más puestos de trabajo compatibles con las actividades ganaderas y agrícolas de la zona que esta actividad minera".

Cae la tarde y los antimineros posan para la foto. Eligieron la ruta 23 como escenario. Seguramente el mayor símbolo de los sueños y frustraciones de la Línea Sur. Acomodan los carteles, se ubican para no taparse unos a otros y buscan reparo del viento hasta que uno señala la polvareda: "Allá viene una 4x4 de la empresa". Todos ríen. La camioneta se acerca, los ocupantes miran de reojo y el chofer acelera la marcha otra vez. El enfrentamiento se siente en el aire y la ancha ruta pareciera hacerlo más evidente aún. "Acá estamos y vamos a seguir en pie hasta que lo entiendan. No es no", gritan con la sensación de haber dicho la última palabra.

'No vale la pena correr un riesgo tan alto'

Gabriela Buyayisqui, intendenta de Jacobacci, se tomó su tiempo para decir 'no'. Asegura que nunca recibió presiones para tomar esta decisión, o "lo contaría" . Tiene la voz serena y habla desde una profunda convicción: "Me opongo a este proyecto porque es de altísimo riesgo. No voy a tomar decisiones que pongan en juego a las futuras generaciones. Y que quede claro que mi decisión trasciende el oro. Lo que está en juego es un recurso vital, frágil y escaso de la zona: el agua", dice y agrega: "Me opongo porque no existe ningún estudio serio de esta cuenca. Por otra parte, la explotación requiere de gran cantidad de agua y nosotros vivimos de la ganadería. Es una región con mucho potencial, pero siempre y cuando se preserve el medio ambiente. Es uno de los lugares más puros de la tierra y tenemos que cuidarlo".

Buyayisqui explica que el proyecto Calcatreu movió a la comunidad a informarse y este es el motivo por el que se tomó tiempo para tomar posición. "Creo que tenemos que hacernos cargo de las leyes que tenemos y que benefician a las empresas mineras pero por sobre todo tenemos que hacernos cargo de nuestro destino. Repito: el tema no es que se lleven o no el oro. El tema es el agua. Con ese proyecto ponemos en juego a este recurso. No vale la pena correr un riesgo tan alto por un proyecto que no tiene tantos beneficios para la región como se dice. Intentan convencernos de que la minería va a generar empleo, pero no es cierto que con la actividad se generen tantas fuentes de trabajo. Hablan de 130 puestos, pero resulta que la mitad son extranjeros o de otros lugares. Es, por otra parte, una actividad de corta vida, quince años pasan como un suspiro".

Los dos municipios que ya la prohibieron

Ramos Mexía y Sierra Colorada fueron los primeros municipios rionegrinos que prohibieron la minería con uso de cianuro en su jurisdicción. En el caso de Sierra Colorada, fue a fines del año pasado, luego de que los ediles escucharan el relato de dos vecinas que viajaron a Andalgalá, en Catamarca, y recorrieron la zona afectada por un derrame de la mina Bajo La Alumbrera, la explotación de oro más grande de Sudamérica. "Una falla técnica provocó la rotura en un mineraloducto y el material contaminante fue a parar al río, en ese momento con muy poco cauce. Para cuando hicieron la limpieza, que fue muy superficial, el material ya había sido absorbido", recuerda Mirta Galíndez a varios meses de aquel viaje. "Hoy en Andalgalá se presentan síntomas de enfermedades respiratorias aumentando un 300%, los vecinos del pueblo Vis Vis, a sólo 4 km de la mina, no pueden tomar agua de sus fuentes naturales", agregaron en su informe.

Justamente, dos pobladores del lugar, Juana Rosalinda Flores y Manuel Horacio Salas, demandaron civilmente a la empresa por la contaminación producida. "La calidad del agua provocaba a toda la familia dolores estomacales, diarrea, diarrea con fiebre y vómitos", sostienen sus abogados. "Los animales que criaban, principalmente cabras, murieron. De tal modo, la explotación minera provocó el despojo o abandono de su lugar de residencia, como consecuencia del daño, del aislamiento y la contaminación del agua a la que fueron sometidos", agregan.

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