MAC/20: Mines and Communities

Declaración de Londres 2008

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Source: Conferencia de MAC de octubre 2007

MINAS Y COMUNIDADES:

DECLARACIÓN DE LONDRES 2008 (THE LONDON DECLARATION)

En mayo de 2001, veinticuatro representantes de comunidades y grupos afectados por la minería en Asia, África, India y América del Sur y Norte, nos reunimos en Londres para identificar y analizar los impactos de la minería en la vida de las comunidades y los ecosistemas, y compartir estrategias para enfrentar las prácticas y políticas inaceptables de esta industria.

Reconocimos a Londres como la capital minera mundial, donde se provee gran parte del capital que financia al sector y se establecen los precios internacionales de los metales.

Londres es además el centro de las iniciativas lanzadas por la industria para persuadir a la “comunidad internacional”, como el Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM).

Siete años atrás, declaramos que estas iniciativas promovían al menos cuatro mitos o verdades a medias:

(i)         la supuesta necesidad de minerales y nuevas explotaciones mineras;

(ii)        el argumento que sostiene que la minería promueve el desarrollo;

(iii)       la creencia en que las soluciones técnicas pueden resolver casi todos los problemas; y

(iv)       las comunidades y ONG que se oponen a la minería son ignorantes y “antidesarrollo”.

Vimos que numerosas experiencias – algunas con más de veinte años de trayectoria – contradicen enfáticamente dichas asunciones.

De aquella histórica reunión nació la Red Minería y Comunidades (Mines and Communities Network – MAC).

MINAS Y COMUNIDADES – SIETE AÑOS DESPUÉS

Reunidos nuevamente en Londres, en octubre de 2007, con un grupo editorial de más de treinta miembros de catorce países, MAC reafirma la realidad de aquellas experiencias y refuerza sus demandas originales.

Desde 2001, los impactos que la minería provoca en todas sus etapas y formas - desde la exploración hasta la extracción y finalmente el abandono – se agravaron. El dolor y la destrucción irreparable de culturas e identidades se ha profundizado. Más tierras ancestrales y riquezas naturales han sido apropiadas, sin el consentimiento de los pueblos ni beneficios sustanciales para las comunidades y las economías de las naciones donde se encuentran.

El avance de la opresión militar y paramilitar por fuerzas estatales y privadas, que actúan en nombre de empresas mineras, ha aumentado dramáticamente. Al mismo tiempo, la creciente demonización, el arresto arbitrario y hasta el asesinato de líderes comunitarios cuyo único “crimen” es oponerse a proyectos mineros que amenazan la integridad territorial y el modo de vida de las comunidades.

La extracción de minerales ha envenenado aguas, destruido fuentes de alimentación, relaciones sociales, ha provocado enfermedad y daño. Muchas veces, las comunidades han sido divididas por conflictos civiles generados desde afuera. El aumento en el uso de maquinaria ha quitado a muchos el rol que alguna vez tuvieron como trabajadores mineros.

En los últimos años la industria minera, con el apoyo de algunas autoridades de gobierno, se ha vuelto muy agresiva y sofisticada en la manipulación de las leyes y políticas nacionales e internacionales, que favorecen sus propios intereses, mediante mecanismos como los tratados de libre comercio.

La legislación minera de unos cien países ha sido drásticamente modificada (liberalizada) según los intereses del capital minero. Protocolos que protegen a los pueblos indígenas y el medioambiente se diluyen, al tiempo que la expansión minera alcanza niveles sin precedentes y más países minero-dependientes resignan su responsabilidad de velar por el bienestar de los ciudadanos para convertirse en sirvientes de las corporaciones globales.

Al mismo tiempo, hemos sido testigos directos del aumento de la resistencia comunitaria y el nacimiento de nuevas alianzas entre poblaciones locales y trabajadores, quienes padecen la incertidumbre de los contratos temporarios o la usurpación corporativa de la pequeña minería tradicional.

En mayo de 2001:

Ahora fortalecemos y elaboramos estas demandas iniciales.

NUEVAS DEMANDAS DE CAMBIO:

Llamamos a:

RESPONSABILIDAD DE LAS ONG:

En 2001, buscamos la solidaridad de la sociedad civil, y especialmente de las organizaciones de desarrollo y ambientales, en respuesta al clamor global de las comunidades afectadas por la minería.

Ahora, invitamos a estas organizaciones a ir más allá y:

Finalmente, como miembros o adherentes de la Red Minería y Comunidades, renovamos nuestro compromiso en la defensa de nuestros miembros y todos aquellos con quienes trabajamos, cuando su nombre, derecho a la libre expresión y organización, o la propia vida sean puestos bajo amenaza.

Hacia el cumplimiento de estos objetivos, invitamos a firmar esta Nueva Declaración de Londres.

(Lista de quienes firman como miembros y adherentes la Declaración)

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