MAC: Mines and Communities

La otra tragedia del 9/11

Published by MAC on 2011-09-14
Source: Primera Hora, HealthDay News (2011-09-09)

Contaminación post-colapso

Mientras los ciudadanos estadounidenses conmemoran el "9/11", una organización de trabajadores demandó a la administración Obama por la resurrección del puesto de Ombudsman en la agencia ambiental EPA (Environmental Protection Agency).

Esta puede resultar una demanda menor, ante las múltiples y preguntas que quedaron sin respuesta luego del trágico evento.

Pero responder a esta demanda podría convertirse en uno de los pasos más importantes hacia la comprensión del por qué una gran cantidad de víctimas continua sufriendo - y muriendo - como resultado de la tragedia de las Torres Gemelas.

El ombudsman de la EPA fue abolido en abril de 2002, justo cuando su investigador jefe, Hugh Kaufman, trabajaba en una denuncia contra la agencia por mentir sobre la naturaleza y extensión de la contaminación post-colapso.

Cinco comunicados de prensa de la EPA publicados en los primeros 10 días posteriores a los hechos aseguraron que el aire de Lower Manhattan era seguro, alentando el regreso de los residentes y trabajadores de oficina a la zona.

Sin embargo, en febrero de 2002, Kaufman acusó a la agencia de fracasar deliberadamente en un adecuado testeo de la calidad del aire en los alrededores del devastado World Trade Center. También aseguró que la EPA encubrió las razones para hacerlo.

El entonces Ombudsman de la EPA, Robert Martin, concluyó que los oficiales de la agencia sabían que los detritos de los edificios destruidos contenían cantidades inaceptables de amianto (asbesto) cancerígeno, además de cemento, vidrio, fibras y químicos tóxicos.

De acuerdo a Martin la agencia publicó falsas garantías de seguridad en el área, en parte para "aislar" a las compañías aseguradoras del pago de las demandas por la exposición a tóxicos que podrían surgir.

De acuerdo a la agencia de noticias Environmental News Service, el preidente Obama sigue resistiéndose a reinstalar en su puesto al Ombusdman de la EPA.

En enero de este año, Obama firmó una ley para reabrir el fondo de compensaciones para aquellas personas afectadas que intentaron rescatar a los heridos del 9/11.

Sin embargo, esta ley no incluye a quienes sufren de estrés postraumático, ni aquellos que han contraído cáncer.

Puede tomar hasta 30 años después de la exposición al amianto que la asbestosis o el mesotelioma sean detectables en el organismo humano.

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La otra tragedia del 9/11
Alex Sánchez dedicó su tiempo para trabajar junto a otros miles de samaritanos, en las labores de limpieza de la devastada Zona Cero de Nueva York.

Bárbara Figueroa

http://www.primerahora.com/laotratragediadel911-549714.html

9 de septiembre 2011

Nueva York. Durante seis meses, siete días a la semana, entre 12 a 14 horas darias, Alex Sánchez dedicó su tiempo para trabajar junto a otros miles de samaritanos, en las labores de limpieza de la devastada Zona Cero de Nueva York, un lugar donde ubicaba el centro financiero más importante del mundo y que quedó convertido en escombros y cenizas tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.   

Alex, un dominicano de 44 años radicado desde su infancia en la Gran Manzana, aceptó el gran reto porque lo veía como una forma de poner su granito de arena para levantar poco a poco a la ciudad que lo acogió y a la que vio decaer aquella mañana cuando fue testigo presencial de la catástrofe.

Y es que según narró Alex a Primera Hora ese día se encontraba en Manhattan sirviendo como traductor en la corte para un amigo cuando escuchó el ruido de lo que pensó, era un camión estrellado.

“(Entonces) bajé para la parte sur de la ciudad para ver qué pasaba y pude contemplar al segundo avión estrellarse contra la otra torre. Fue un terror para mí. Todavía es algo que me afecta bastante... contemplé cuando las puertas del infierno se abrieron”, relató en entrevista frente a la Capilla San Pablo, una estructura que se convirtió en refugio para los miles de voluntarios que ofrecían asistencia en el esfuerzo de rescate.

Irónicamente, durante la noche de aquel nefasto día de septiembre Alex -quien laboraba en el área de manteniemiento de la Universidad de Nueva York- recibió una llamada que cambió para siempre su vida. Era su jefe, preguntándole si podía formar parte del equipo de personas que trabajó en las tareas de limpieza en donde colapsaron los edificios. Alex no tenía que pensarlo, su compromiso se hizo evidente de inmediato.

“Recuerdo que llegué el 13 de septiembre de 2001 a las 6:00 de la tarde. Cuando pasé las barricadas para entrar a la zona cero le vi los ojos a los ciudadanos que se encontraban en el área y sabía lo que se esperaba de mí...”, cuenta Alex, cuya labor consistía en limpiar los conductos de aire acondicionado de las estructuras caídas.

Para ejercer su trabajo Alex utilizaba unas mascarillas de papel que, alega, lo protegían muy poco de los polvos acumulados en los conductos de aire y al tóxico ambiental pues se desbarataban con el sudor provocado por la faena.

“Quedamos expuestos a niveles muy altos de contaminación”, lamenta el hombre que comenzó a sentir los síntomas de la exposición a tóxicos justo el mes que culminó su trabajo.

“Recuerdo que terminé para el 15 de marzo (2001) y dos semanas después caí en cama con una fiebre de 102 grados. Terminé en el hospital y el médico me dijo: 'usted padece un ataque severo de asma'. Yo me sorprendí porque nunca había padecido esa enfermedad”, comentó a quien posteriormente se le complicó el cuadro clínico con diarreas crónicas, dolores de cabeza y estómago, entre otros síntomas.

Fue entonces cuando Alex comenzó a vivir la otra tragedia del 11 de septiembre, las secuelas psicólogicas y físicas que lo han atormentado y que lo dejaron discapacitado permanentemente luego que le diagnosticaran unos nódulos en los pulmones, una gastritis aguda y otras afecciones respiratorias que están documentadas por diversos médicos y fueron mostradas a Primera Hora.

Ahora, este padre soltero de un niño de 10 años llamado Jack Anthony, no puede evitar la tristeza al pensar en las enfermedades que ahora sufre y que no le permiten disfrutar normalmente del crecimiento de su pequeño.

“Yo era un hombre saludable. Jugaba fútbol, hacía ejercicios. Ahora ni siquiera puedo jugar baloncesto con mi hijo... fue un vecino el que le enseñó a correr bicicleta”, lamenta Alex.

Precisamente, sufrir como fue deteriorando su salud física y mental y la agonía de ver a muchos amigos morir a consecuencia de los contaminantes fue lo que lo motivó a unirse a otros trabajadores para que el Congreso de Estados Unidos aprobara la ley James Zadroga, la cual lleva el nombre de un policía que estuvo laborando en la tragedia y que murió en el 2006 de una enfermedad pulmonar. La Ley cubrirá durante los próximos cinco años los gastos médicos de los enfermos -sin importar su estatus migratorio- y compensará económicamente y sobrevivientes y familiares de las víctimas.

Sin embargo, Alex no está conforme del todo pues dice que los estragos a la salud pudieran surgir a largo plazo en algunas personas. “Está comprobado, que con un nivel de intoxicación tan alto, los efectos pudieran surgir dentro de 10 o 15 años... y pueden incluir el cáncer”, expresó el también presidente de la organización Unidos Estamos (United we Stand).

“Como dice mi organización, seguiremos unidos... será una lucha de por vida porque el 11 de septiembre nos dejó una lección moral: a partir de aquella fecha nos unimos sin ningún tipo de prejuicio ni discriminación para levantar a la ciudad y ahora nos tenemos que volver a unir y luchar para levantarnos a nosotros mismos y a nuestras familias”, aseveró.



Asocian el 9/11 con más enfermedad del reflujo gástrico


Alan Mozes

HealthDay News

7 de septiembre 2011

Los que estuvieron más directamente expuestos a los ataques terroristas contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre parecen enfrentarse a un mayor riesgo de desarrollar síntomas duraderos de enfermedad del reflujo gástrico, informaron el martes funcionarios de salud de la ciudad de Nueva York.

El análisis actual respalda indicaciones anteriores de que es más probable que las personas que también tienen asma y/o trastorno por estrés postraumático (TEPT) desarrollen síntomas de la enfermedad del reflujo gastroesofágico (ERGE). Pero los síntomas de ERGE resultaron independientes de otros problemas de salud en personas que estaban cerca de las Torres Gemelas cuando se derrumbaron.

Los hallazgos, que fueron reportados por un equipo liderado por Jiehui Li, del Departamento de Salud e Higiene Mental de la Ciudad de Nueva York, aparecen en la edición en línea del 6 de septiembre de la revista American Journal of Gastroenterology.

Investigaciones anteriores ya habían establecido que los individuos directamente expuestos a los ataques contra las Torres Gemelas tienen una incidencia mayor que la promedio de ERGE, asma y/o TEPT.

Pero el equipo de salud deseaba explorar si el 11/9 provocó ERGE de forma independiente. Para lograrlo, observaron datos recolectados por el Registro de Salud de las Torres Gemelas (World Trade Center Health Registry), creado en 2002 para dar seguimiento al estado de salud de las personas expuestas al ataque, incluso los trabajadores de rescate y recuperación, los residentes locales, los transeúntes y los que estaban empleados y trabajaban cerca de las torres.

Los investigadores se enfocaron en un grupo de más de 37,000 adultos, que conformaban poco más de la mitad de la base de datos del registro, y analizaron respuestas a dos cuestionarios de salud administrados en 2003-2004 y 2006-2007.

Ninguno de los participantes había reportado sufrir de síntomas de ERGE antes de 11/9.

Las encuestas recolectaron información sobre el tipo y duración de la exposición ambiental el 11/9 y los días posteriores. La exposición incluía contacto directo con el polvo y los escombros del colapso de los edificios.

El equipo de Li halló que poco más de una quinta parte del grupo del registro tenía síntomas de ERGE cuando se llevó a cabo la primera encuesta, y unos dos tercios de ellos seguían luchando con síntomas para cuando se hizo la segunda.

En general, los investigadores hallaron que la mayor incidencia de síntomas de ERGE se citó entre los trabajadores de rescate y recuperación que estaban presentes el 11/9; los que trabajaron en el lugar durante más de tres meses luego del evento; y los residentes y trabajadores de las cercanías que volvieron a sus casas, tiendas y oficinas llenas de polvo.

Los riesgos de desarrollar estos síntomas parecieron ser iguales en ambos sexos. Sin embargo, los hispanos, los individuos más pobres, los fumadores y los que tenían un nivel educativo inferior a la secundaria eran más propensos a reportar síntomas, mientras que los individuos más jóvenes (entre los 18 y los 24) eran menos propensos.

Además, los investigadores confirmaron indicaciones previas de que el asma y el TEPT se relacionan de alguna forma con el riesgo de ERGE, y que tener una o ambas afecciones elevaba significativamente el riesgo de síntomas de ERGE.

Aunque se encontró que apenas 14 por ciento de los que tenían asma o TEPT habían desarrollado síntomas iniciales de ERGE, esa cifra aumentó a casi 46 por ciento entre quienes sufrían de ambas afecciones, hallaron los investigadores.

De forma similar, la persistencia a largo plazo de problemas de ERGE aumentó ante la presencia del TEPT y el asma. Se encontró que 36 por ciento de los que sufrían de ambas afecciones tenían síntomas persistentes de ERGE cinco a seis años después del 11/9, mientras que lo mismo sucedió en el trece por ciento de los que solo tenían asma y en casi una cuarta parte de los que tenían TEPT.

Sin embargo, incluso sin asma o TEPT, el riesgo de desarrollar síntomas duraderos de ERGE aumentó en correlación directa con la duración de la exposición a la nube de polvo y otros efectos, mostraron los hallazgos.

Li y colegas sugirieron varios motivos de por qué el 11/9 podría haber aumentado el riesgo de ERGE de forma independiente, que incluyen contaminantes ambientales hallados en la nube de polvo (como materiales alcalinos). Pero dijeron que "el mecanismo biológico no está claro".

El Dr. Ronnie Fass, jefe de gastroenterología del Sistema de Atención de Salud de VA del Sur de Arizona en Tucson, advirtió que "hay que tener mucho cuidado al interpretar estos datos. Los estudios retrospectivos con cuestionario como este tienen limitaciones".

Pero Fass añadió que "es algo sorprendente, porque sugiere que realmente no estamos seguros de qué sucede. Esto significa que tenemos que volver al principio e investigar más para averiguar cuál es el mecanismo exacto en estos pacientes que generó el aumento del reflujo".

El Dr. Perry J. Milman, profesor clínico asistente de medicina del Colegio de Medicina Albert Einstein de la ciudad de Nueva York, se mostró de acuerdo.

"Es interesante, y queda la gran pregunta de por qué", planteó. "La respuesta no se encuentra aquí. Podría ser el estrés laboral, que se sabe desencadena síntomas GI [gastrointestinales]. Y para aquellos que tienden a desarrollar síntomas GI al exponerse a un factor estresante importante, la exposición a estos eventos particulares podría ser el desencadenante. Pero eso está por verse".

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